viernes, 1 de enero de 2016

2015, ¡qué locura!

Despedimos un año, y a pesar de que para mi el año comienza en septiembre (siempre lo he pensado así, pues empiezan las clases, las temporadas deportivas, se vuelve al trabajo después de verano,... y diciembre está como en medio de la nada...) y a pesar también de que esto siempre me ha parecido un poco una cursilería, dedicarle tiempo al tiempo y nunca mejor dicho... He de decir que este año para mí ha supuesto tantas cosas que me gustaría dedicarle un instante.
No puedo decir que haya sido un mal año, lo cual no quiere decir que no lo haya sido. Para mí no se puede valorar tanto tiempo. Ha tenido momentos buenos, momentos muy buenos, momentos malos y momentos pésimos, de esos que te marcan para siempre.
La verdad es que segundo de bachillerato no fue fácil para mi, y empecé el año un poco de espaldas, es más, de culo :). Pero en verdad, a parte de cumplir los 18, y hacerme oficialmente mayor de edad, porque lo dice la ley, y porque ahora ya puedo votar (aunque yo me siga sintiendo una niña), de los primeros meses no hay mucho que destacar. Broncas, broncas y más broncas con mi profesora de dibujo <3 (al final son estas a las que no se olvida... jajaja), exámenes, estrés y muchos, muchísimos, montañas de apuntes, que al final no sirven para nada, de verdad.
Descubrí unas amigas que espero que sean eternas, porque no me imagino no volver a tener días de clandestineo, charlas o pijamadas con ellas. Estuvieron en lo bueno y en lo malo, y eso se lo deberé de por vida. Siempre me sacaron una sonrisa, aunque no siempre estuve muy predispuesta a ello. Mis 5 locas marcaron mi año más clandestino.
Llegó mayo y con ello mi graduación, lo cual no quiere decir que me hubiese graduado, pues no es cierto, yo en mayo no terminé el curso. En verdad, nunca me gustaron las despedidas, y tener que despedirme del que fue mi instituto durante los últimos tres años me costó, pero lo que más me costó fue la idea de despedirme de toda esa gente, que emprende sus caminos al futuro y que por mucho que digamos no volveremos a ver. Se hace duro hacerse mayor, crecer, dejar de estudiar lo que nos "imponen" (a mi nadie me dejó elegir si quería estudiar determinadas asignaturas), no tener claro el futuro tampoco ayudó mucho, todo hay que decirlo. La gente llega a segundo con las ideas tan claras... pues yo no, yo no quería terminar porque no sabía que hacer después.
Y luego vino junio... Creo que ahí fue cuando "me hice mayor" por decirlo de alguna manera... Te das cuenta de la de golpes que te puede dar la vida, y te los da todos en un segundo. Destrocé mis ilusiones de ser diseñadora en una tarde, antes incluso de haber hecho el examen. Recuerdo tristemente, muy tristemente, el momento en el que entraron mis padres por la puerta, vinieron a la habitación de mi hermano, donde estábamos los dos y mi madre, con lágrimas en los ojos nos dijo... "Se muere". Recuerdo a toda la familia llorando como si no hubiera un mañana, y es que en eso momento no lo había. Sí, le dieron un año de vida a mi padre. Puto cáncer, que arte tiene para destrozar las vidas, sobre todo en esta familia. No teníamos muchas esperanzas, todo hay que decirlo, pues de 4 que llevamos en la familia no ha sobrevivido ninguno... Pero la esperanza es lo último que se debe perder, ¿no?, al menos eso dicen...
Que manera de destrozarlo todo... y de tener que replantearme mi vida, en tan poco tiempo... Es horrible, lo peor de este año sin duda. Así que si, abandoné mis intentos de ser diseñadora, aunque también hay que decir que no se dibujar, así que no hubiese llegado muy lejos...
Nos dijeron que había una operación con muchos riesgos, pero que podría salvarle. Todos fuimos un poco egoístas, lo reconozco, pues él no quería operarse, pero nosotros no queríamos perderlo. Y así llego julio.. con mi padre ingresado desapareciendo tras las puertas de un quirófano. Yo ese día quería morir, lo juro, fueron 18 horas de operación, que se hicieron eternas, sobre todo por tratar de animar a mi madre cuando yo también estaba deshecha por dentro, pero ya sabéis... "hasta en las malas, no perder nunca la sonrisa" y joder si cuesta.
Y me fui de campamento, y sé que dejé a mi familia de lado con mi padre en el hospital, pero necesitaba desconectar (sí, otra vez fui una egoísta). Os aseguro que me encantó el campamento, aunque no lo disfruté todo lo que pude...
Y luego llegó agosto, mi momento de madurez, mi final del verano, y es que el que algo quiere, algo le cuesta... Empecé a trabajar por las mañanas para poderme pagar la academia a la que iba por las tardes, porque sí, suspendí estrepitosamente para septiembre. Así que agosto significó el final de mi verano, sí, y septiembre el final de mis estudios.
No se si fue la academia o mis ganas de terminar con todo, pero conseguí terminar lo que había empezado, como siempre me ha dicho mi madre. y como buena loca, hice la selectividad (PAU) cuando no quería estudiar una carrera.
Septiembre (como ya he dicho antes, para mí el comienzo del año) empezó a remontar la mala racha que llevaba. La federación madrileña me llevó a una competición en Rumanía, una copa del mundo, y mi entrenador estaba muy contento. Empecé a estudiar algo que me gusta, es más, no me gusta, me encanta (PASTELERÍA <3) y todo era tan bonito...
Pero llegó octubre, y lo bueno no dura eternamente, empezaron los malos rollos en esgrima (supongo que fue ahí cuando me decidí a dejarlo, pero no tuve las narices de hacerlo hasta más tarde...). Dormir poco no ayuda, y aunque estudio lo que me gusta, tengo que madrugar mucho y eso no me ayuda a estar de muy buen humor, así que supongo que en parte es culpa mía. No tener tiempo para nada me agobiaba cada vez más, y así paso noviembre. Volví a tener una anemia de caballo, no había quien me soportara y yo no soportaba a nadie de los dolores de cabeza que tenía.
En diciembre nos volvieron a asustar cuando dijeron que a mi padre le pasaba algo en la cicatriz debido a la radio y que quizás tuviesen que volver a operarle... madre mía. Gracias a dios se quedo en el susto. Me armé del valor suficiente y decidí dejar lo que durante tantos años ha sido mi vida, mi vía de escape de casa, mi tranquilidad, mi lugar en el mundo donde estar tranquila, y sí, dejé la esgrima.
Así que ahora me veo sin otro futuro que no sea estudiar, con un gran proyecto entre manos (mi dulce dulzura), y con ganas de novedad, de sorpresas, de mirar al futuro de frente y aceptar lo que venga, porque personalmente pienso que 2016 no puede ser peor, la esperanza es lo último que se pierde, ¿verdad?...
No le pido nada a este año, igual que no lo he hecho nunca, porque pedirle cosas al tiempo no tiene sentido, sé que lo que quiera me lo tengo que ganar yo, eso ya me lo ha enseñado la vida.
Lo único que quiero este 2016 del 2015 es seguir teniendo a mi lado a las personas que siempre han estado, esas 6, mis clandestinas y él.